El fenómeno Pokémon

Versión en castellano del artículo originalmente publicado en el Periódico Solidaridad Obrera – El fenomen Pokémon

“Lo curioso de este «luddismo posmoderno» (que focaliza su atención en el artefacto en la misma medida en que descuida su naturaleza y aplicaciones sociales) es que, pese a su aparente radicalismo, se asienta en la más tradicional —e históricamente reaccionaria— de las disciplinas: la metafísica. Haber roto los lazos con el análisis materialista de la historia implica una visión del presente no como una suma de opresiones social e históricamente desarrolladas, sino como una especie de «caída bíblica» sin un origen temporal claramente delimitado, en la que el ser humano anteriormente «digno» ha acabado por doblegarse ante las mieles del progreso tecnológico.” (1)

Nos encontramos ante el nuevo fenómeno de moda, no sabemos aún bien cuanto va a durar, pero si que parece que viene para quedarse una temporada. Estoy hablando del juego Pokémon Go, el cual fue lanzado al mercado hace unas semanas. Muchas han sido las críticas lanzadas desde diferentes sectores desde su lanzamiento, la mayoría cargadas de cierto moralismo y con un cierto toque de “luddismo posmoderno”. Ante un fenómeno de estas características lo que tendríamos que realizar es un análisis de cómo nos afecta, ver como funciona y los usos sociales que tiene. Esto es lo que voy a intentar realizar en este artículo.

¿De donde surge todo esto?

Pokemon Go no es únicamente de Nintendo, este juego nace de la asociación también de Pokémon Company International y Niantic Labs. Las tres empresas se han unido a partes iguales para lanzar este juego al mercado. Parece ser que por ahora les ha salido un lucrativo negocio, ya que es una de las App que más se ha descargado en el último mes.

El nacimiento de todo esto no es casual, llevaba años fraguandose desde 2010 en la entrañas de Niantic Labs, una empresa filial de Google hasta hace poco, se convirtió en una startup independiente en octubre del año pasado. En 2012 ya lanzaron su primer juego de realidad aumentada basado en la geolocalización, para muchas igual no nos suena, pero Ingress, fue su primer juego que aprovechaba estas tecnologías. Este representaba el mundo real y gracias a un smartphone se tenían que abrir y hackear portales del equipo contrario, ubicados en el territorio, ganaba el equipo que más campos de fuerza lograra generar.

De aquellos portales a estas Pokeparadas, la mayoría de portales de Ingress es lo que se han convertido en lo que hoy en día es una de las esencias del juego, los lugares donde se pueden cazar con mayor facilidad los Pókemon y obtener artículos.

Transformación del espacio público.

La unión de la realidad aumentada y el geoposicionamiento está creando lo que podríamos llamar un nuevo “medio ambiente” ante nosotras. La ilusión momentánea que se crea al poder ver un criatura a través de nuestro dispositivo, ya sea en mitad de un parque o una calle, crea una nueva temporalidad sujeta al dispositivo y la tecnología, una más a las que nos acostumbra el capitalismo.

Dado el sistema de juego, si queremos ir avanzando a un buen ritmo, tendremos que ir comprando diferentes complementos que nos ayuden a avanzar, esto se hace a través de las Pokeparadas que tenemos a lo largo del territorio. Lo que antes era un parque, una esfera pública, ahora es un potencial centro de negocio, ya que las usuarias van a ir a obtener esos artículos.

En este medio ambiente ya nada es lo que és, transforma lo material en un nuevo espacio donde lo que tenemos delante es virtual. Si que es verdad que esto puede permitir que se visiten espacios en la ciudad que no habías estado antes. Pero esta transformación se crea para poder monetizar el juego, supone una mercantilización del espacio físico a través de lo virtual, convirtiéndose éste en mercancía.

Territorialidad

Otro de los problemas que se puede ver con este juego es el de la territorialidad, de nuevo el capital hace correr sus flujos de valor hacia los centros, si vemos mapas de donde se encuentran la mayoría de Pokeparadas, encontraremos que la mayoría se encuentran en los centros comerciales de las metrópolis del norte global. Si que es verdad que en ellos se encuentran la mayoría de monumentos de interés en los que se basa el sistema, pero con ello se deja con menos posibilidades de poder jugar, a las que viven en la periferias. Este tema también nos puede dar un sesgo de clase, las clases que vivan cerca de estos van a tener más posibilidades de conseguir antes los objetivos del juego que las que vivan fuera de estos.

De nuevo se refuerza los flujos de personas que van hacia los centros de las metrópolis para consumir desde las periferias, incluso dada la popularidad del juego se han visto grandes aglomeraciones en algunos lugares, tan solo con la intención de cazar a Pokémons. Esto también cambia la forma de sociabilidad, ya que lo hacemos a través de dispositivos que crean un medio ambiente en lo que antes eran espacio públicos, ahora son lugares de donde se extrae valor a través de dispositivos.

“El espectáculo somete a los hombres en la medida en que la economía los ha totalmente sometido.” (2)

La diversión en nuestros días

Los videojuegos llevan desde los años 70 en nuestras vidas, desde el lanzamiento de la máquinas recreativas. Ocupaban un espacio físico , ya que se encontraban instaladas en tiendas, restaurantes… permitían a estos negocios aumentar el tráfico de personas por sus establecimientos. La diferencia que encontramos con Pokémon Go es que crea una capa virtual encima de lo material, hace que desaparezca el sujeto en el espacio y se convierta en algo virtual, dentro de la lógica del capital. Lo importante no es que las personas pasen ese momento de diversión o salgan a sociabilizarse fuera de sus hogares, cosa que no debería de ser criticable, el objetivo es extraer el valor a través de una privatización virtual del espacio público.

Nos encontramos de nuevo como la tecnología ordena nuestras vidas, no como algo neutro, su objetivo es el de intensificar los flujos del valor, de buscar nuevas formas de extracción de este, estableciendo a las jugadoras como él centro del beneficio.

Con esto no quiero decir que jugar a juegos este mal o sea negativo para nosotras, nos ayudan a distraernos y descansar de nuestra monótona vida, al igual que leer, ver series o películas. Seguramente es uno de los secretos de su éxito en nuestros días, pero sí, que tendríamos que pensar cómo hacer que estos no transformen nuestras vidas para la extracción de beneficios.

1- E. Luján: Drones. Sombras de la guerra contra el terror, Virus Editorial, Barcelona, 2015.

2- G. Debord: La sociedad del Espectáculo, 1967.

Antes de morirme

Igual muchas aún no sabéis de la existencia de un nuevo “movimiento” dentro de aura de Podemos el cual se llama Jóvenes en Pie, hace poco que surgieron y han venido por lo que parece a reclamar un poco más de socialdemocracia para la juventud. A articular el mensaje que están lanzado desde el partido, pero dirigido a un “target” millenial, el cual se mueve por su propia identidad cultural con un fuerte componente de los lenguajes que se crean en las redes. Como estrategia para la captación de votos no es mala, pero la realidad está siendo unas campañas que parecen dirigidas a Ned Flanders.

La última lanzada en las redes, empezó con un guiño a lo que seguramente es una de las canciones del verano para este “target”, Antes de morirme de C. Tangana feat Rosalía, he de reconocer que me gusta bastante. El lema utilizado en la imagen fue “Antes de morirme quiero un contrato indefinido”. La verdad que casi que me muero cuando lo leí en Twitter, parece que la campaña se la ha hecho Willyrex, para algo medio subversivo que tiene la canción, cogen y se lo quitan, puta vida tete.

Yo no quiero hacer lo correcto, pa esa mierda ya no tengo tiempo, no vas a escuchar un lamento, pa esa puta mierda ya no tengo tiempo, antes de morir quiero el cielo, el ciento por ciento, antes de morir quiero el cielo el ciento por ciento, por cierto.

Entrando en lo importante de la campaña, como explican muy bien aquí, el contrato indefinido no es fijo, en España no tenemos contratos fijos, incluso en la administración es posible el despido disciplinario, el objetivo, el ERE o incluso el despido improcedente del personal laboral. Por ahora lo único que se puede considerar más o menos fijo son los puestos de funcionariado de carrera, pero por ahora, no son pocas las voces que los últimos años están pidiendo que esto desaparezca.

¿Entonces qué implica tener un contrato indefinido? Mientras el contratante no manifieste que quiere echarte a la calle, no vas a tener que estar renovando el contrato cada X tiempo. Lo que tenemos en España es una mala interpretación de lo que son los contratos indefinidos, como bien explican aquí, muchas empresas realizan fraude con los contratos temporales, pensándose que es la fórmula que más rentable les sale, cuando realmente el contrato indefinido que tenemos después de la última reforma laboral tiene muchas facilidades a la hora de querer deshacerse de alguna trabajadora. Además de los incentivos fiscales que obtienen muchas empresas a la hora de contratar a trabajadoras indefinidas.

¿Pero si tienes un contrato indefinido es más difícil que te tiren? Quitando los contratos por ETT’s, los minijobs y diferentes mierdas que nos han colado en las últimas décadas, no tiene porqué. Hoy en día existen los indefinidos por fin de obra, en los que te pueden tirar a la calle cuando quieran, alegan que se ha acabado la “obra” por la cual estabas contratada y te vas a la calle. Además para el indefinido como tal, una empresa lo tiene que hacer muy mal para tener que pagarte más de días por año trabajado, con alegar que el despido se realiza por causas económicas u organizativas sin tener que dar más explicaciones ya lo tiene hecho.

Eso que se llama hoy contrato indefinido, en la realidad no nos da ninguna seguridad de la durabilidad del puesto de trabajo en el que nos encontramos. Su utilidad seguramente tenga más que ver con la facilidad de poder acceder a una hipoteca, un préstamo o en algunos barrios un alquiler, parte de las bases de ese social welfare que está desapareciendo a marchas forzadas. No voy a negar que esa sensación de seguridad en nuestro imaginario que crea esto, no tenga sus ventajas, pero dista de la realidad del modelo de empleo que sufrimos.

También es interesante observar esta demanda desde la perspectiva laboral y social en la cual nos encontramos, ante unos tiempo líquidos como dice Bauman, donde cada día se nos exige más flexibilidad en nuestras vidas y sobre todo en el mercado laboral, con unos medios bombardeandonos constantemente con la idea de reinventarnos día a día y con el engaña bobos del emprendimiento, parece que el trabajo indefinido crea una fuerte contradicción en nuestras vidas. Además que es uno de los síntomas de la derrota del ciclo de luchas de los 70, ya que justamente las obreras querían escapar de todo esto.

Ante este panorama laboral y social, antes de morirme no quiero un contrato indefinido, lo que de verdad quiero és “ne travaillez jamais” como se podía leer en aquella pared de París en el 68. Cómo esto parece que no se va a hacer realidad a corto plazo, las únicas formas que van a poder aguantar el envite neoliberal, llamado crisis, en el actual mercado laboral pasan por la organización. Desde abajo, poniendo la vida en el centro y no sólo el trabajo vamos a poder ir transformando nuestras realidades más inmediatas para poder escapar de esta cosa escandalosa que nos hace todo el día working sin descansar.
Antes de morirme, antes de que muera yo, quiero ver ese Sindicato Mantero, esos sindicatos de barrio, esos colectivos solidaridad, esos grupos de apoyo mutuo, la CNT, la CGT, esas oficinas precarias, las kellys… que tienen mucho compás. Antes de morirme, antes de que muera yo, quiero que juntas toquemos el cielo. Eso es un proceso costoso, no es fácil y seguramente nos llevara mucho tiempo, nos va a tocar reconstruir afinidades, pensar en una vida en común, plantear alternativas a este sistema, seguramente nos cueste mucho, pero no quiero hacer lo correcto (conformarme con un trabajo indefinido), para esta mierda ya no tengo tiempo, antes de morir quiero el cielo, el ciento por ciento, por cierto.

antes-de-morir

Tienes que tener ya algo muerto por dentro como para querer un contrato indefinido. La nueva política a este paso va a destrozar más jóvenes que la heroína en los ‘80.