En torno al primero de Mayo

Volvemos a estar a últimos de abril, ya queda poco para que llegue el Primero de Mayo, no es un día más en el calendario gregoriano, este es el día del movimiento obrero en la mayor parte del planeta, desde que en el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional de 1889 se estableció como jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Por si queda aún alguien que no lo sepa, estos eran unos anarquistas que fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas. Estas tuvieron su origen en la huelga que se inició el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido fue el 4 de mayo, durante la Revuelta de Haymarket.

No voy a extenderme más en la historia que desencadenó este día, ya hay muchos libros, artículos y textos que se encargan de esto y no creo que pueda aportar más a ellos. No es lo que me trae aquí, sino justo lo contrario, ver cómo hemos acabado viviendo este día en la actualidad.

Ahora al menos en el estado español el Primero de Mayo es un día festivo en el calendario laboral, lo que en un principio fue un día de huelga fijo en durante el año, ha acabado deviniendo en una jornada burocratizada.

Aunque el reconocimiento de este día por parte de los empresarios y del estado fuera celebrado como una victoria por parte del movimiento obrero,su sentido ha sido progresivamente desplazado del terreno de la lucha de clases al terreno cultural, el cual está completamente colonizado por el capital. Este desplazamiento se ha hecho equiparando lo que eran una jornada de huelga, de la potencia y solidaridad que se crean en estas cuando las personas nos unimos para defender nuestros derechos, a un festivo más en el calendario, como podría ser el lunes de pascua, por poner un ejemplo. Como no podría ser de otra forma, esto sólo ha podido ocurrir por una correlación de fuerzas que ha hecho que el capital transnacional ganara esta batalla, desde que, a partir de los años 70, el estado de bienestar fuera poco a poco desmantelado en el norte global y los sindicatos perdieron gran parte de su peso en la sociedad. Seguramente este es uno de los hechos más importantes que ha llevado a que, poco a poco, haya perdido el sentido o ,al menos, su sentido inicial.

En la actualidad, gran parte de la población no participa de esta jornada, sino que lo aprovechan como día festivo que es. No se les puede culpar de falta de conciencia de clase, el capital ha ganado esta batalla en el terreno cultural, como ya he comentado antes, por muchos que critiquemos su carencia, no va a hacer que surja por sí misma. Lo poco que queda del movimiento obrero que participa y reivindica el Primero de Mayo son los sindicatos y los movimientos sociales, pero más que como un día de lucha, se sigue por convención y ritual, como señal identitaria. Aquí seguramente muchas no coincidiran conmigo, pero me niego a pensar que una manifestación con una pancarta y unas banderas, donde cada colectivo intenta sacar su propia tajada fuera el objetivo que persiguieron las que iniciaron esta jornada.

Nos hemos quedado con una recomposición estética bastante mala de lo que algún día fue el movimiento obrero, con un pasacalles que recuerda un poco más al espectáculo de Debord que a una jornada de conmemoración y huelga. Desde luego, que por mucho que haya perdido su significado inicial esta jornada, no estoy exponiendo que se tenga que eliminar o renunciar a ella, justamente mi intención es establecer una crítica que pueda servir para abrir el debate, que se pueda transformar y tomar la pulsión que tenía.

Si establecemos una lectura atenta de las experiencias que se crean en las huelgas, luchas, revoluciones, manifestaciones…, uno de los factores más importante en estas no son ni las teorías ni las diferentes corrientes ideológicas, sino justamente cuando estas desaparecen y se crea la comunidad, se crea el Nosotras y Nosotros. Se crean nuevos espacios y tiempos, que son ajenos al capital y se reapropian de esos espacios colonizados, la cesura revolucionaria.

Hemos podido ver recientemente, un hecho de estos, que ha sido la reapropiación que han hecho de la muerte las gentes del Poder Popular para homenajear a Pablo Molano. Han roto con los convencionalismos propios de la muerte en nuestra sociedad y han compartido el duelo de forma comunitaria.
Tenemos que aprender de experiencias como ésta, tirar del freno de emergencia, pararnos a pensar cómo construir un común, que vaya más allá de los formalismo actuales, encontrar los comportamientos ofensivos que nos hagan coger potencia, volver a un día de lucha y bloqueo de las relaciones capitalistas. ¡¡¡No más pasacalles!!!