El callejón de la soberanía

El otro día decía en Twitter después de la pseudo proclamación de la República Catalana que me alegraba de ese hecho por la rotura de la cosmovisión que tenemos, parafraseando a Žižek utilizaba su conocido “es fácil imaginar el fin del mundo, o un asteroide destruyendo la vida, pero no podemos imaginar el fin del capitalismo”. Esto me servía para ilustrar que algo que pensábamos casi imposible tan sólo hace unos meses o semana, se estaba produciendo. Es verdad que no era el final del capitalismo, pero un acontecimiento así en la derrota de imaginación y capacidad política que estamos viviendo era una buena noticia para todas aquellas personas que queremos mejorar el mundo en el que vivimos.

Es necesario también ser críticas con esto y no dejarnos llevar por una suerte de epifanía del momento, sobre todo pensando en las pocas repercusiones materiales que ha tenido después este hecho, que han sido más bien pocas.

Durante todo lo que ha sido el procés parte del a burguesía catalana se ha encargado de generar un sujeto desde arriba, a través del relato creado de los catalanes de bien, han definido su “pueblo”. Este era una apuesta, una puja por la hegemonía. Que les está llevando conscientemente o no, esto ahora mismo no creo que podamos estar en disposición de saberlo, a un callejón sin salida. A ese sujeto se le había vendido gracias a una dialéctica muy barroca, que la constitución de la República sería un proceso low cost, donde no habrían grandes sacrificios y que en definitiva sería un proceso pacífico a la vez que relativamente fácil.

Lo que se ha obviado en todo este proceso performativo es la cuestión de la soberanía, las que participamos de movimientos por la recuperación de esta desde abajo, hemos aprendido que esta es algo que se ejerce. Ya sea por ejemplo recuperando la tierra para poder comer productos de km0 ecológicos o desarrollando software para no depender de grandes empresas. La soberanía no es un significado flotante, sin duda hace falta teorizarla, pero sobre todo requiere de poner el cuerpo y construirla.

Este es callejón sin salida que comentaba antes, no hay una capacidad real de poder producir un gran cambio sin tener unas estructuras que te aseguren la soberanía, por mucho que te dediques a performar a través del lenguaje un proceso. La independencia no es la consecuencia necesaria de un mandato popular por mucho que se haya votado, haya documentos oficiales que la proclamen o cualquier otra cosa que nos quieran decir.

La soberanía en última estancia es algo que se sustenta en lo material, sobre todo la vida, mientras no haya unas estructuras que puedan hacer a unos sujetos no dependientes de los otros, no hay posibilidad de una autonomía real.
Si escribo esto no és desde la perspectiva que los catalanes han hecho mal dejándose llevar por los cantos de sirena de una élite. Me gustaría que esta reflexión sirviera para poder pensar en cuando hablamos de revolución o de acabar con el capital, si no tenemos unas estructuras anteriormente que hagan capaces de sostener la vida después de ese momento, va a ser muy complicado que aguante por mucho tiempo.